Tiempos acelerados

María Sanz de Galdeano, 17 de agosto 2018

 

Sólo los humanos somos conscientes del concepto tiempo. A lo largo de la historia los filósofos han ideado diferentes teorías sobre su significado: ¿existe realmente? ¿tiene un comienzo y un final?, ¿es una línea recta?, ¿nos movemos en círculos temporales?. O simplemente, ¿es un concepto intelectual abstracto que nos hemos inventado para secuenciar momentos? Es difícil definir el tiempo. Como dijo San Agustín, “¿qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé, pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. Desde que la Humanidad empezó a estudiarlo, a entenderlo y a observar que gracias al sol ocurrían fenómenos regulares que llamaron días, meses y estaciones, fue plasmándolo en construcciones, monumentos, etc. Desde siempre, las civilizaciones que controlaban el tiempo, evolucionaron más rápidamente que el resto.

Actualmente, el desarrollo tecnológico que estamos viviendo está alterando profundamente su sentido. El tiempo se ha acelerado y sufrimos estrés por tratar de vivir en más de un plano y espacio, en un único tiempo limitado. Si antes considerábamos una organización laboral, familiar y de ocio ordenada temporalmente, en la actualidad todo se superpone, se fragmenta y se minimiza para ocupar más en menos.

También esto se traslada a las empresas. Siempre se ha valorado el tiempo y la velocidad como ventaja competitiva pero en nuestros días se ha acelerado su importancia y se ha universalizado. Apple por ejemplo, es la primera empresa que consigue superar la valoración bursátil del billón de dólares. Ocurrió a principios de este mes y solo 11 años después de lanzar su producto estrella, el iPhone. Airbnb y Uber que nacieron hace muy pocos años, en 2009 y 2010 respectivamente, en menos de un lustro ya estaban cambiando las reglas del juego de dos importantes sectores, el hotelero y el del transporte. Estas compañías no paran de crecer y están entrando en otros sectores. De igual manera Facebook, que empezó como un sitio donde conocer personas, está penetrando, entre otros, en el negocio bancario, solicitando estos días a grandes bancos que compartan la información financiera de sus clientes. Su último golpe de efecto ha sido entrar en el sector audiovisual y de la televisión, comprando los derechos para emitir gratis la Liga en India y otros países asiáticos. El criquet se introdujo en la India cuando fue colonia británica como deporte elitista, hasta convertirse con el paso del tiempo en su deporte nacional, donde lo juegan todas las clases y castas. Será interesante observar si Facebook consigue acelerar el proceso de introducción del fútbol, a través de sus usuarios actuales y próximos, hasta convertirse en el fenómeno social que es el criquet.

Este es un ejemplo más de cómo la tecnología está acelerando, modificando todo lo establecido y rompiendo con nuestra forma de entender el mundo. Las grandes tecnológicas están cambiando las industrias y sectores de una manera tan vertiginosa que no da tiempo a verlo ni asimilarlo. Y esta velocidad tiene mucho que ver con la financiación de la empresa. De ahí los grandes números que se manejan en las rondas de inversión de otros países como Estados Unidos.

En relación a estos tiempos tan rápidos a veces se lanzan frases a las personas emprendedoras del tipo “El éxito es para los más rápidos, no para los más grandes”, «Si todo está bajo control, es que no vas suficientemente rápido”, etc. Frases fáciles de decir que, aunque tienen su parte de razón, son igual de peligrosas. Porque no existen recetas universales, no siempre es bueno correr, hay negocios que deben esperar su momento para un crecimiento exponencial, porque el mercado está en desarrollo o por otras circunstancias. Por otro lado, las empresas tienen que tener también cuidado en no entrar en lo que se puede llamar la trampa de la aceleración. Ante la presión del entorno la empresa puede comenzar en una espiral de cambios, incremento de actividad, objetivos, introducción de tecnologías que terminan desenfocando la estrategia, confundiendo a los clientes y todavía peor, agotando y quemando a los trabajadores. También se puede reaccionar ante acciones de la competencia o actuar ante una presunta oportunidad en muy poco tiempo con el riesgo de equivocarnos con la misma velocidad … como bien lo explica el nobel de economía Daniel Kahneman en el libro Pensar rápido, pensar despacio. En él expone cómo el cerebro trabaja en dos sistemas coordinados, uno emocional y otro racional. Explica lo poco fiable que puede llegar a ser el emocional a la hora de tomar decisiones rápidas por los sesgos que tenemos al confiar en nuestras intuiciones. Por esto debemos establecer estrategias con el fin de combinar los procesos rápidos y los lentos del cerebro para minimizar dichos riesgos, teniendo en cuenta además la oportunidad actual de obtener y manejar la información necesaria que nos ayude a tomar las mejores decisiones.

A pesar de no ser capaces de explicar el concepto del tiempo, reconocemos claramente su valor. Nuestro entorno nos lo recuerda permanentemente, con esta impaciencia que caracteriza la vida actual.

A pesar también de los problemas que genera acelerar, tanto las empresas recién creadas como las consolidadas, deben seguir innovando de manera rápida, creando nuevo valor, tratando de llegar en primer lugar o al menos en buenas posiciones y arriesgando, porque la competencia que viene es gigantesca, global y se mueve muy rápido.

 

 

María Sanz de Galdeano, artículo publicado en Diario de Navarra el 17 agosto 2018

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