Originales

María Sanz de Galdeano. 31 marzo 2017.

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una idea original? ¿Qué hiciste con ella? ¿Eres de esas personas que, cuando tiene una buena idea, espera hasta que se le pase?

Todos tenemos ideas originales. Incluso aunque en nuestro fuero interno no nos consideremos creativos, a veces se nos ocurren ideas de cómo mejorar el mundo que nos rodea. Si bien, como la mayor parte de las personas, cuando tenemos una idea original, no la llevamos a cabo. En general, nos sentimos más cómodos nadando con la corriente que en contra.

Entre los libros más leídos y recomendados actualmente, está “Originals” de Adam Grant, con prólogo incluido de Sheryl Sandberg, la número dos de Facebook. Este nuevo libro contiene una mezcla de conocidos conceptos básicos sobre la creatividad con nuevos conceptos rompedores, acompañados por un listado final de consejos prácticos que facilitan su puesta en práctica. Se podría decir que es un interesante libro de ayuda en el proceso de mejora para potenciar la propia originalidad o la de nuestros colaboradores, o incluso la de nuestros hijos, o alumnos.

Según Grant, la originalidad se basa en la creatividad, pero las personas originales, no se quedan sólo en las ideas, toman la iniciativa para hacerlas realidad. No tiene nada que ver con vestir de una manera u otra o de llevar un peinado imposible o unos zapatos de un color llamativo. Los originales ponen en duda lo establecido y buscan siempre una mejor opción. Piensan que es peor no intentarlo. Señala que Elon Musk cuando creó Tesla  pensó que  tal vez su idea no iba a funcionar, pero era demasiado importante para no intentarlo.

Comparto con Grant que se necesitan muchas malas ideas para tener una buena idea. Las primeras ideas que generamos son las más convencionales, las más obvias. Tenemos que seguir intentándolo, incluso cuando consideramos que ya no tenemos más ideas, es el momento en el que surgen las mejores. Y las buenas ideas además llevan su tiempo de maduración, no hay que correr demasiado y para ello aplaude la procastinación o la postergación de las tareas, al menos la moderada. Defiende empezar rápido pero no tener prisa para terminar antes de tiempo los proyectos, justamente por ese tiempo que las mejores y más originales ideas requieren. De la misma manera no es necesario ser el primero, sólo hay que ser diferente y mejorar aquello que haya hecho el más innovador. Ser el primero, eleva el riesgo de fracaso. Carlos Barrabés suele contar una anécdota que le ocurrió cuando puso en marcha su idea de comercio electrónico en el 96: Un profesor le dijo “Chaval, muy bonito, pero a los pioneros se los comen los indios». A lo que Carlos le contestó: “sí, es cierto, pero si no te comen, puedes llegar al éxito”. Y tuvo razón.

Otros emprendedores más cercanos también han alcanzado el éxito, entre otras muchas cosas, gracias a su originalidad. Así tenemos ejemplos de empresarios como Manuel Torres o emprendedores como Asier Marzo, el ganador del concurso Foodtech de CEIN, que consigue levitar alimentos, o como Carlos Matilla de Fuvex, que diseña un tipo de drones (aeronave híbrida avión/multirrotor) que despegan y aterrizan en vertical con su consiguiente ahorro en costes o Mariano Velasco, que en Movalsys consigue traducir el movimiento en información objetiva o realmente, como cualquiera de los talentosos emprendedores que están en los viveros de innovación de CEIN.

De especial interés me han resultado los consejos para fomentar la originalidad en la familia o entre los estudiantes. En una conversación mantenida con la doctora matemática, profesora y emprendedora  Marisol Gómez, sobre si es posible identificar a los más originales de la clase me dice: “Resulta difícil distinguir entre las personas de un grupo cuál de ellas es una persona creativa. A pesar de que se asocia creatividad a personas cuyos estudios o profesiones tienen que ver con las letras o artes plásticas o escénicas, lo cierto es que el número de personas creativas entre las que se dedican a profesiones relacionadas con temas científicos es considerablemente alto. No hay que olvidar que hacer ciencia es inventar, innovar, crear muchas veces de la nada. Un dispositivo, un algoritmo, un teorema o una nanopartícula nueva también pueden considerarse como una obra de arte.

Saber encontrar quién tendrá una idea original o un hilo de pensamiento distinto no es tarea sencilla. Aunque puede que todas esas personas tengan rasgos comunes: resuelven un problema mezclando conocimiento, no sólo lo que entra en el examen. Suelen hacer preguntas sobre el porqué u origen de las teorías que se estudian e intentan adaptarlas a otros contextos. A veces no se corresponden con los alumnos con mejor expediente académico pero con gran curiosidad por las cosas. “

Además de lo anterior, vivir diferentes experiencias, tratar y rodearse de personas que no sean parecidas ni piensen de la misma manera, tener cerca abogados del diablo nos van a ayudar a ser más originales tanto en la vida personal como en la profesional.

¿Nos damos un tiempo de trabajo personal para analizar las respuestas la próxima vez que nos preguntemos a nosotros mismos: ¿Cuándo fue la última vez que tuve una idea original? ¿Qué hice con ella?

María Sanz de Galdeano. Artículo publicado en Diario de Navarra el 31 marzo 2017

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