La mayoría de las cosas están por hacer

María Sanz de Galdeano, 2 febrero 2018

Benito Jiménez, fundador de Congelados de Navarra acaba de recibir por su trayectoria el «Premio Empresario del Año», organizado por la revista Negocios de Navarra. Al mismo tiempo, celebraba los 20 años de su empresa, tiempo en el que ha conseguido estar presente en más de 50 países, facturar alrededor de 200 millones y dar trabajo a más de 800 personas. A pesar de estos logros, su discurso al recoger el premio terminó con una frase de Marie Curie: “no hay que pensar en lo que se ha hecho, sino en lo que queda por hacer”.

Estas palabras me han recordado el lema del fundador de IKEA, Ingvar Kamprad, recientemente fallecido a los 91 años,  “la mayoría de las cosas están por hacer”. En la propia web de la firma añaden: “su herencia está siempre con nosotros y continuaremos buscando constantemente nuevas y mejores formas: encontrar soluciones que nadie haya pensado antes y hacer grandes cosas para un gran colectivo de personas «. Ingvar Kamprad fue un emprendedor que en 1943, a los 17 años, fundó IKEA (nombre compuesto por sus iniciales y las de su granja y pueblo sueco). Empezó vendiendo semillas, postales, adornos para árboles de Navidad y bolígrafos, hasta que a los 22 años empezó a vender muebles y a los 30 años ya lo hacía tal y como actualmente conocemos su empresa, en paquetes y de auto montaje. Desde entonces IKEA ha crecido hasta llegar a ser un grupo empresarial que da trabajo directo a 149.000 personas, que  en 348 tienda recibieron este año pasado 817 millones de personas y 2.100 millones de visitas a IKEA.com. El Grupo IKEA también tiene 45 centros comerciales con 425 millones de visitantes.

Personaje peculiar este fundador, con su famosa austeridad y ahorro, personalidad que trasladó a la esencia de la empresa. Entre los coworkers de IKEA -así se llaman entre sí sus trabajadores, que se ven más como colaboradores- no se olvidan de cuando en 2006, con 80 años, estuvo en España y visitó prácticamente todas las tiendas. Cuentan, que llegaba a las 5 de la mañana para ver cómo descargaban los camiones, y proponía cambios a los jefes de tienda si veía posibles mejoras. Cada visita duraba más de 12 horas, era muy curioso, parecía incansable y se detenía a hablar con todo el mundo, ya que tenía claro que las personas que trabajan en su empresa son los que día a día hacen la marca. Una directiva de esta empresa me explicaba estos días que trabajar en IKEA es diferente y que existe una verdadera igualdad entre los trabajadores, donde prácticamente un 50% de los directivos son mujeres.

Actualmente IKEA se encuentra, como el resto de su sector, en plena vorágine de cambios ante la creciente importancia de las ciudades y la transformación digital. Con el objetivo de conocer mejor a sus clientes, ver cómo viven, qué necesidades tienen y estar cerca de ellos, están cada vez más interesados en abrir tiendas urbanas, a modo de escenarios de pruebas y testeo. Respecto a la transformación digital, además de la introducción de robots en la producción e incursiones en realidad aumentada (donde los clientes pueden ver sus casas amuebladas antes de comprar), desde 2016 venden en internet a través de sus propios canales. Este año, sin embargo, ya han anunciado que los clientes podrán adquirir sus productos por medio de Marketplaces, como Amazon y Alibaba, en los que probablemente la solución logística será resuelta de modo más eficiente. Reconocen que no es fácil unirse a la revolución digital, y es que  esta transformación, en muchas empresas, es como cambiar de avión con todo el pasaje y en pleno vuelo. A pesar de esto, no hay marcha atrás, es preciso adaptarse y evolucionar, aunque el cambio sea un proceso nada sencillo.

Muebles LUFE, sin embargo, no ha necesitado transformarse porque han nacido ya en la propia digitalización. Enrique Arrillaga fundó esta empresa en Azpeitia hace cuatro años después de cerrar un negocio familiar del mismo sector. El año pasado tuvo la suerte de que la prensa lo denominara el Ikea Vasco y la noticia se volviera viral. Desde entonces no ha parado de crecer y han abierto su ámbito de actuación a Europa. Sus muebles son baratos y se montan por uno mismo, pero sabiendo ir más allá y se anuncian en su web con una diferenciación: como muebles sostenibles, ecológicos, de madera maciza de pino de bosques cercanos.

En estos, y otros casos exitosos, la personalidad de la persona fundadora puede marcar la diferencia, así como la cultura de la compañía en la aceptación de los errores, en la experimentación y prototipaje, y, por supuesto, la filosofía compartida por todos estos empresarios, de siempre ir más allá, innovando constantemente, creciendo y sabiendo que la mayoría de las cosas están por hacer.

María Sanz de Galdeano, artículo publicado en Diario de Navarra el 2 febrero 2018 

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