El emprendimiento social, también tecnológico y digital

María Sanz de Galdeano. 6 de octubre 2017.

Durante los años duros de la crisis han aumentado los problemas sociales, pero a su vez han favorecido el resurgimiento de un emprendimiento que trata precisamente de paliar sus efectos mediante la generación de ideas innovadoras. Este emprendimiento, que siempre ha existido, está captando actualmente gran atención por parte de inversores, medios de comunicación, etc. y está siendo relanzado gracias a la tecnología y al talento de muchas personas emprendedoras, sobre todo de una nueva generación.

Si ya de por sí el emprendimiento interesa y seduce, alimentado en parte por historias de personas increíbles que consiguen triunfar a base de ingenio, creatividad y esfuerzo, el emprendimiento social añade más atracción si cabe al sumar la resolución de un problema social, una mejora de las condiciones de vida de un grupo de personas, con un efecto transformador, multiplicador y duradero.

No hay una definición clara de este tipo de emprendimiento porque se tiende a incluir en la misma muchos tipos de actividades, así como tampoco se puede decir que el interés en enriquecerse sea lo que diferencia a los emprendedores habituales de los sociales. Aquellos también saben que tienen pocas probabilidades de hacerlo y aunque puedan desear una manera holgada de vivir, son otras las motivaciones que mayoritariamente buscan, como el desarrollo de una oportunidad detectada, el crecimiento personal y profesional, la independencia, etc.

En cualquier caso, todos los emprendimientos pretenden generar ingresos y ser rentables, cuando menos para asegurarse su sostenibilidad. La mayor diferencia entre los emprendedores sociales y el resto, está en que los primeros buscan principalmente un beneficio social y los ingresos constituyen un medio para alcanzarlo. Para ello se dirigen a personas que están excluidas, desprotegidas o que tienen necesidades diferentes, identifican una oportunidad, desarrollan una solución innovadora que mejore su situación y generan una transformación con alta repercusión de manera creciente. Como por ejemplo, KOIKI, un servicio de entregas y recogidas de mercancías donde y cuando el usuario decide, a través de una aplicación. Este servicio, premiado como mejor Empresa Europea de Innovación Social por el Banco Europeo de Inversiones, está prestado en bici o vehículo eléctrico por personas cercanas, del barrio, con alguna discapacidad.

Este es un ejemplo de cómo las nuevas tecnologías son las mejores aliadas actualmente para las personas que quieren desarrollar un proyecto social. Como ocurre en el resto de la economía, que está inmersa en la transformación digital, los proyectos de emprendimiento social se están empezando a beneficiar también de herramientas como Inteligencia artificial, Big Data, el Internet de las Cosas e incluso del Blockchain. Respecto a éste, a pesar de que se encuentra en pleno lanzamiento,  desarrollo y evolución, todos los sectores tienen grandes expectativas puestas en él , incluido el del emprendimiento social, por los beneficios que aporta como  la descentralización, trasparencia, la rapidez en su distribución, el bajo coste así como tener la posibilidad de resolver el tema de la certificación de la identidad y propiedad,  que en muchos países no es un tema sencillo y que esta tecnología puede mitigar. Es el caso de Agriledger,  un proyecto social que la aplica en la agricultura: las pequeñas cooperativas agricultoras en países en desarrollo dependen de acuerdos con instituciones que, gracias a Blockchain, son más trasparentes e incorruptibles.

La Comisión Europea, consciente de las oportunidades que ofrece, ha lanzado el concurso European Social Innovation Competition que busca resolver retos sociales a través de la revolución tecnológica. El objetivo de la competición es crear modelos de negocio que den a todas las personas las mismas posibilidades de aprovechar los beneficios que trae el cambio tecnológico. Mouse4all es una de las 10 empresas seleccionadas recientemente como finalista entre 800 proyectos en dicho concurso. Sus fundadores, dos jóvenes ingenieros, han creado una solución de accesibilidad que permite utilizar una tableta o un teléfono Android sin tocar la pantalla, indicado para personas que tienen dificultad para utilizar una pantalla táctil por parálisis cerebral, lesión modular, tetraplejía, etc.

Por otra parte, las grandes empresas están apoyando cada vez más el emprendimiento social porque son conscientes de la importancia que está adquiriendo, quieren estar en la tendencia y porque a su vez apoya su propia responsabilidad social corporativa. Seguramente también por la cada vez más complicada retención del talento joven, que busca en su compañía el desarrollo de valores tales como el compromiso social. Así, a modo de ejemplo, Telefónica lo canaliza a través del programa Think Big o como la reciente llamada de Open Future a este tipo de proyectos,  Danone con B-Ready o Font Vella que apoya el emprendimiento social femenino. También están surgiendo multitud de propuestas para facilitar la financiación de estos proyectos a través de entidades financieras con líneas concretas, o de plataformas especializadas en Crowdfunding o comunidades de inversores como Davin-T-Si (www.davintsi.com), que está formada por personas y entidades que invierten en empresas tecnológicas sociales.

Atender problemas sociales concretos y necesidades diferentes de algunos grupos de personas  constituye un poderoso motor para muchos emprendedores, no solo  jóvenes, que encuentran en el canal digital un poderoso aliado. Es realmente esperanzador que dediquen sus habilidades, talento y capacidades en ir hacia un mundo más solidario, amable y justo.

 

María Sanz de Galdeano. Artículo publicado en Diario de Navarra el 6 de octubre 2017.

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