Economía compartida

Emprendimiento colaborativo

María Sanz de Galdeano.  5 de abril 2016

 

Colaborar, compartir, ofrecer, son verbos que empiezan a ser muy comunes en el lenguaje empresarial. Responden a la nueva economía llamada colaborativa, una gran tendencia mundial consecuencia en gran medida de la transformación digital de la que ya hablaba en un post anterior. La tecnología está al alcance de todos, estamos en una nueva era donde todo está conectado de manera simultánea, sencilla, a nivel mundial y donde las nuevas generaciones prefieren disfrutar a poseer. Según diferentes estudios, más de la mitad de los ciudadanos de este país compartirían o alquilarían bienes, por encima de la media europea, aunque por debajo de Portugal y Grecia. Estamos en los inicios de este movimiento y ya está haciendo tambalear sectores enteros. Sus ejemplos paradigmáticos y más conocidos son Airbnb y Uber.

Airbnb y Uber, ejemplos paradigmáticos

Airbnb, creada en 2008, se define como un mercado comunitario para publicar, descubrir y reservar viviendas. Actualmente gestiona 2.000.000 de casas en 192 países y 33.000 ciudades.

Uber, que funciona desde 2009, es una empresa internacional presente en 400 países, que proporciona a sus clientes una red de vehículos a través de una aplicación móvil. Conecta a los pasajeros con los conductores. En España, no ha podido operar durante casi dos años y medio y esta última semana de marzo, como habían anunciado, ha vuelto. Se han reinventado para poder operar legalmente, adaptándose a nuestra legislación. El cambio principal que aporta la nueva Uber, llamada UberX, son los conductores, ahora profesionales, y vehículos con licencia. Además, según lo que se está publicando estos días será un 40% más barata. En otros países también se han tenido que adaptar y lo han hecho de manera exitosa e incrementando el negocio, con lo que se puede intuir que aquí ocurrirá lo mismo.

Estas dos empresas han sido creadas recientemente y sin tener ni una sola casa ni un solo vehículo en su patrimonio, están revolucionando sus respectivos mercados. Son dos casos polémicos, pero desde mi punto de vista, muy interesantes porque anticipan escenarios, por cómo se adaptan a sus clientes y a la zona donde operan y por las disrupciones que presentan.

Podríamos enumerar ejemplos en prácticamente todos los sectores, en compartir o intercambiar todo tipo de cosas como ropa (de armario a armario), coches (Zipcar, Blabla car), crowdfunding (KickStarter), mesa en el tren (Compartirmesatrenave) y sobre todo lo que se nos ocurra, incluso préstamos entre particulares. En Navarra acaba de nacer Multihelpers, una plataforma que pone en contacto personas para la realización de diferentes tareas, desde idiomas, limpieza doméstica, arreglos domésticos… etc… Por cierto, su CEO, Adrián Miranda, escribe un blog, ‘La Tribu colaborativa’, de lectura obligada para estar al día en este sector.

Controversia

Pero como todo aquello nuevo y que supone una amenaza a lo establecido, la economía colaborativa crea controversia. Y lo hace hasta en su propia definición. En muchos casos el debate alcanza hasta para determinar si una empresa pertenece a esa categoría o no. Puede tener diferentes acepciones, empresas que monetizan servicios en comunidades de usuarios o las que conectan usuarios con otros usuarios.

Además de las discusiones que genera todavía hay muchas lagunas en aspectos relacionados con la legislación y la fiscalidad. Así, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha realizado un estudio sobre los Nuevos Modelos de Prestación de Servicios y la Economía Colaborativa y somete a consulta pública sus conclusiones y recomendaciones preliminares a través de su web y hasta el próximo 15 de abril.

Recomiendo también leer el Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre ‘Consumo colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI’ en el que apunta que el consumo colaborativo comparte muchos objetivos de las políticas de la Unión, especialmente del mercado interior, tales como aumentar la eficiencia de los recursos, avanzar en la innovación social, generando empleo y prosperidad económica. Continúa señalando que si muchas empresas nuevas de consumo colaborativo realizan sus operaciones en el territorio de la Unión, el continente puede convertirse en una «incubadora» de nuevos modelos de negocio que cree un desarrollo económico más sostenible.

Crecimiento imparable

Estamos ante un sector en crecimiento imparable y que ofrece muchas oportunidades. Estas pueden aparecer como resultado de la colaboración con empresas “tradicionales”. El reto es convertir la confrontación clásica en alianza. A modo de ejemplo, como la seguridad es de los aspectos que más preocupa, la industria de los seguros tiene una interesante oportunidad por delante. Las aseguradoras se han dado cuenta que puede ser relevante esta colaboración para el futuro éxito de su negocio. También están surgiendo servicios que cubran las necesidades o mejoren las experiencias de sus clientes, como los referidos a limpieza o de comida a domicilio, alrededor de las plataformas colaborativas de casas.

La colaboración alcanza los servicios públicos. En Estados Unidos, Uber colabora con el servicio público de transporte en la última parte del viaje, la última milla. En Barcelona y París, Airbnb ha empezado a recaudar los impuestos. En España, UberX, en este nuevo lanzamiento, va a colaborar con Hacienda y ha llegado a un acuerdo con UPTA (Asociación de autónomos) para asesorarles en temas fiscales.

En definitiva, y analizándolo en términos de oportunidad, los participantes en esta nueva economía pueden jugar un papel importante en el desarrollo de soluciones que fomenten la innovación, la sostenibilidad, la solidaridad y la eficiencia de recursos generando nuevos modelos de negocio y nuevas formas de emprender. Sin olvidar que la reputación del ofertante y la confianza entre los diferentes agentes son aspectos críticos para el éxito de este nuevo consumo colaborativo.

Artículo publicado en Diario de Navarra

https://www.diariodenavarra.es/noticias/opinion/2016/04/01/la_economia_compartida_nuevas_formas_emprender_445363_1064.html

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